Giraldo
(2008) señala que en cuanto a su etiología, las disfunciones sexuales en las
mujeres tienen dos grandes causas: las orgánicas dentro de las cuales se
encuentran aspectos endocrinos, vasculares, neurológicos, metabólicos, tóxicos
o medicamentosos; y las
emocionales-situacionales que se relacionan con factores que causan ansiedad, o
ambientes inapropiados.
Las
disfunciones sexuales femeninas se clasifican en tres ramas: los trastornos del
deseo sexual, que puede ser hipoactivo o de aversión; los trastornos de la
excitación sexual, como el trastorno orgásmico; y los trastornos de dolor sexual
como la dispareunia y el vaginismo (Castaño y Palacios, 2007); es decir, se
pueden clasificar de acuerdo con la fase de acuerdo con la fase de la respuesta
sexual humana a la cual afectan: al deseo, a la excitación o al orgasmo
(Giraldo, 2008).
Dentro
de los trastornos de excitación sexual
influyen factores biológicos como el déficit de hormonas sexuales, trastornos
del suelo pélvico, la diabetes, el tabaquismo, la quimioterapia, funcionamiento
vascular, etc.; algunas causas psicológicas como problemas en la relación de
pareja o alteraciones psicológicas (Castaño y Palacios, 2009).
En
los trastornos del orgasmo las causas
biológicas pueden ser el déficit de hormonas sexuales, atrofia en la vulva o la
vagina, suelo pélvico hiperactivo, cicatrices, vulvodinia (inflamación), etc.
Causas psicológicas y socioculturales como alteraciones psicológicas o juegos
preliminares inadecuados, ignorancia sobre los propios genitales, las normas
sexuales, la falta de habilidades eróticas, y las mutilaciones (Castaño y Palacios,
2009).
Dentro
de los factores de riesgo para la dispareunia
se han encontrado diversas morbilidades ginecológicas, trastornos
psicológicos, abuso físico y relaciones de pareja no satisfactorias (Latthe et
al., citados por García y Harlow, 2010).
La
violencia sexual es un aspecto importante, pues se ha destacado que muchas
mujeres no logran decidir cuándo, cómo y con quién relacionarse sexualmente en
distintas etapas de su vida (García y Harlow, 2010). Mujeres que fueron
violentadas durante la niñez, o que fueron violentadas por distintas personas
en distintos momentos de sus vidas, fueron más proclives a presentar
dispereunia, en un estudio realizado con mujeres en edad reproductiva en
Hermosillo, México (Chapman, citado por García y Harlow, 2010). En ese mismo
estudio, se observó que la dispareunia se encontraba asociada con infecciones
crónicas en el tracto urinario y enfermedades inflamatorias intestinales
(García y Harlow, 2010).
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